Cuando caerse y levantarse se convierte en la principal característica de tu vida los números naturales dejan de ser útiles para llevar la cuenta. Entonces, solo entonces, aparecen otros conceptos, mayores y difíciles de describir.
Aquí comparto lo que escribo cuando, de forma parecida a lo que ocurre con los números, las palabras ya no bastan para describir la realidad. O, para ser más exactos, cuando tienen que desbordarse para poder retratarla.
Si quiero afinar, puedo decir que este blog es, en resumen, mi lugar favorito para derramarme y rebosar —donde me anego y resurjo; donde floto y me dejo llevar— siempre con palabras —siempre con historias—.
Para mí escribir no es actividad, es supervivencia. Tampoco es algo que hago, sino algo que me pasa. Y no lo controlo, igual que no puede controlarse el agua. Claro que podemos tratar de pronosticar dónde, cuándo y cuánto lloverá. Hasta podemos intentar prevenir desastres. Pero la naturaleza es caprichosa y el agua una de sus fuerzas vivas.
Lo mismo ocurre con el fuego. También con el viento… Y con las historias.
Y de historias va este blog. De las que se escriben de noche, con la casa en calma, o de las que nacen en el móvil a golpe de pulgar. Del día a día y de lo que pasa en sueños. De ficciones demasiado reales y de realidades demasiado ficticias.
La Enésima va de historias, sí.
Pero, sobre todo, va de sobrevivir a base de palabras.
