Soy cabezota y no me rindo, da igual cuántas veces caiga derrotada, si quiero algo, sigo luchando por ello. De ahí el nombre de mi blog, La enésima, porque sí, es mi enésimo blog, pero también porque trata sobre mi propósito de vida: Escribir. Nada importa el número de veces hasta ahora que lo he intentado sin éxito, o las que he fracasado directamente. Tampoco es relevante si en esta ocasión triunfo, o no. Lo único que cuenta aquí es que cada día, pase lo que pase, al levantarme, me sentaré delante del ordenador y escribiré.
Al final, he comprendido que esto no se trata de llegar a un lugar, sino de llevar a cabo un proceso. Imaginemos: Mi próximo libro triunfa, rompe récords y se sitúa en lo más alto de las listas de ventas. Vienen viajes, presentaciones, firmas de ejemplares, entrevistas… ¿Y ahora qué? ¿Como que lo he petado dejo de escribir? ¡Ni hablar! Si acaso, el éxito sería un motivo para escribir más todavía y, claro, seguir con el enésimo post, el enésimo cuento, la enésima novela.
Resulta -y es una de las lecciones más absurdas que he aprendido en mi vida, pero es extremadamente útil- que lo importante en la vida es hacer las cosas por -y con- placer. Si haces lo que te gusta y procuras divertirte con ello, aunque también habrá días duros, porque siempre los hay, será mucho más fácil estar contento, sentirse pleno y realizado y hasta, quién sabe, ser feliz.
Cuando haces lo que te gusta y disfrutas con ello, por ello mismo, no por lo que puedes conseguir al hacerlo, la repetición es divertida y que, por ejemplo, el día de hoy sea la enésima vez que subo encima de una elíptica mientras escucho música, no es una tarea, ni un deber, ni lo que tengo que hacer para mantenerme medianamente saludable. Es, sencillamente, algo divertido, que me desahoga y que mañana repetiré por enésima vez.
Lo mismo ocurre con las entradas de blog, escribir un relato o una novela o dar clase, que es mi trabajo. La enésima vez siempre es la buena, no porque vaya la vencida, qué va, sino porque el hecho de que exista una enésima vez ya es, en sí mismo, una victoria,





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