Acostumbro a dormirme escuchando un audiolibro y el que escuché anoche se parece demasiado a la historia en la que estoy trabajando. Se parece tanto, que durante un rato hasta temí estar plagiando un libro que todavía no había leído -ni escuchado-. Por supuesto, caí dormida antes de comprobar si había o no plagio, al fin y al cabo, si me duermo con un audiolibro es porque escuchar historias me deja fuera de juego más rápido que cualquier somnífero, al contrario que leer, que me mantiene despierta hasta la salida del sol.
Obviamente, he pasado una noche horrible, llena de pesadillas en las que mi historia se mezclaba con aquella que había empezado a escuchar y todo era horrible, y mi novela resultaba ser un plagio de algo que no había leído y… Bueno, podéis imaginar la nochecita que he tenido. Para colmo, por algún motivo desconocido, el temporizador de Audible no ha funcionado y la novela que casi he plagiado ha seguido sonando y nuevas partes de la historia se han entremezclado con mis sueños, para acabar de empeorarlo todo. (Recordatorio: Poner el temporizador del móvil además del de la aplicación).
A eso de las cuatro de la madrugada, me he despertado, pero la pesadilla seguía. En el pequeño altavoz, que pongo junto a mi almohada para no molestar a mi marido, seguía sonando la novelita de marras. ¿Que qué he hecho? Primero, escuchar, y en ese punto -estábamos ya en el capítulo veintimucho-, la historia ya no tenía nada que ver con la mía, salvo, quizás, la combinación de dos narradores distintos intercalados. He respirado aliviada, me he levantado a por agua y he escuchado un rato más, hasta que, como siempre, me he quedado dormida, otra vez, pero ya con la tranquilidad de que no había peligro de plagio.
Entonces, qué ha pasado, por qué durante un buen rato he pensado que mi historia era un plagio de otra, que ni siquiera conocía. Bueno, hay dos causas. La primera, una historia en estado embrionario se parece a todas las historias que tengan rasgos en común. Y la mía, claro, es un embrión a medio desarrollo todavía, pues es poco más que un proyecto de tres páginas en calibri 12, 1,5 de interlineado, y tres capítulos de escaleta. Pero es que, seguramente, hasta cuando tenga la escaleta completa, con todas sus escenas, seguirá siendo solo un embrión, ni siquiera un feto todavía, pues, al menos para mí, no se puede hablar de estado fetal hasta que no ha comenzado la escritura. Y, creedme, en la escaleta no ha comenzado nada, más que una firme declaración de intenciones, salvo que intercales planificación con escritura (yo lo he hecho a veces y me funciona). Pero si hablamos solo de una escaleta, o cualquier estadio anterior de la planificación, estamos hablando, como mucho, de un esquema.
Y, queridos, a nivel esquemático todas las historias se parecen. Bueno, vale, todas no. Pero, si las dividimos por grupos, no solo por género, todas se parecen. La marca diferencial rara vez está en el esquema, en la estructura. Claro que, cada cierto tiempo hay algo rompedor, que supone un hito, un antes y un después, en lo que a estructura se refiere. Pero eso es algo excepcional. La mayor parte de las historias se basan en alguna variación de la estructura artistotélica en tres actos, o no. Y las del segundo grupo, son minoría. Y, a nivel esquemático, hay un número limitado de planteamientos, nudos y desenlaces, y también de desencadenantes y puntos de giro. Asumámoslo, cuando hablamos de escribir novelas, la mayoría de nosotros, no va a inventar nada (salvo la historia, claro). Y yo, personalmente, no quiero inventar nada, quiero entretenerme y entretener. Listos.
Pero es que si nos detenemos a pensar en la voz narrativa, también las opciones son limitadas. Mucho. Y, claro, otra vez, puede haber propuestas rompedoras, pero una servidora, me reitero, quiere entretenerse y entretener, no reinventar la pólvora. Así que es fácil que tu propuesta coincida con cualquier novela publicada a lo largo de la historia y si, como yo, tienes la imperiosa necesidad de «escribir a la moda para no parecer que me he quedado atrás o que no soy moderna, o, peor, que parezca que tengo la edad que tengo» pues ocurrirá que encontrarás propuestas con voces narrativas similares o, incluso, calcadas. Y no hay plagio, es solo seguir la corriente del momento.
Si bajamos otro nivel, y pensamos en los personajes y su arco de evolución, tema harto estudiado por quienes se dedican a estudiar en lugar de escribir (yo pretendo combinar las dos cosas algún día, pero, a saber cómo acabamos), pues también son limitados. Y en el caso que me ocupa -y todavía no he terminado el libro- hay un arco de ascenso o favorable (de chica probre y marginal a chica rica y asumo que bien integrada), que, al menos en su inicio, coincide con el mío. Claro, retratar en las primeras escenas la vida de una persona marginal supondrá similitudes, da igual cómo nos pongamos. Más me ha fastidiado el arco de ascenso del otro personaje protagonista, que no es de tipo material, sino más de reconocimiento social, y eso coincide con el mío. Y con cientos más.
Vámonos a la ambientación. Y tengamos en cuenta que hablamos de fantasía, género en el que un elevadísimo porcentaje de obras tienen una ambientación de tipo seudomedieval, con magia. Sinceramente, coincidir en eso es lo mínimo que puede pasar hablando de fantasía.
Así que tenemos tres coincidencias:
- Ambientación seudomedieval con magia.
- Dos narradores intercalados en primera persona y en presente
- Punto de partida de los arcos de evolución de los personajes principales.
Si tenemos esto en cuenta, el susto y las pesadillas está justificadas.
Ahora, vamos a las diferencias:
- El tema. Lo mires por donde lo mires, no hay coincidencia. Aunque el tema es algo que muchas veces el lector no aprecia, pero marca toda la historia (o debería). Tampoco hay coincidencia en los temas secundarios,
- La motivación de los personajes y el desarrollo de los arcos de evolución, que no parece que vayan a ser iguales.
- Los sistemas mágicos. Mi mundo tiene como cuatro sistemas mágicos distintos, que conviven (mal, ya os digo que mal) en un mismo mundo.
- Las especies o razas (no sé cómo llamarlas ahora, con todo lo de la corrección política) que en mi mundo son cuatro.
- La importancia del romance. Sí, en mi historia hay un romance, pero no es central en el desarrollo de la historia. Es decir, si quito el romance de la ecuación, la historia se mantiene. (Y sí, podéis imaginarme ahora amputando el romance y aumentando los narradores para que sean más de dos, porque es en lo que estoy pensando, aunque no quiere decir que lo haga).
Es obvio que hay muchas coincidencias, pero también hay diferencias. Y, después, debemos contar el factor clave que hace que una historia se parezca más o menos a otra, más allá de todos los aspectos técnicos mencionados: La pluma del autor.
Si bien es cierto que, si solo partimos del esquema embrionario, casi todas las historias se parecen entre sí, también lo es que la gracia del escritor para desarrollar ese esquema y transformarlo en novela tiene un papel fundamental. Si le diéramos a varios escritores el mismo esquema de una novela, más que probablemente, las historias resultantes serían muy distintas entre sí, aunque mantuvieran idénticos ciertos rasgos argumentales y formales. Aquí no hablo tanto de estilo, que también, como de mirada. Uno se fijará más en detalles del escenario, otro en el interior de los personajes, otro, en las relaciones entre ellos, otro, las emociones, otro, en la acción, otro, lo equilibrará más todo…
Así que, debo deshacerme del pánico, pues en cuanto termine de escaletar y empiece a escribir y desarrollar, seguro, segurísimo, la historia se diferenciará de las demás.
Pero, admito que me arrepiento un poco de haber presentado ya mi propuesta de novela, aunque el plazo terminara mañana. Lo hice porque estaba segura de que, al fin, había encontrado mi historia. Tan segura, que ni siquiera escribí sobre ella en el blog, para no gafarla (como con las anteriores), y no quise jugármela y esperar al último momento por si algún problema técnico me impedía hacer la entrega. Así que, ayer por la mañana, redacté el proyecto y lo presenté.
Ahora, quizás por la mala noche, o quizás solo por haber descubierto esta otra historia, que parece que inspira la mía, pero no; si tuviera la oportunidad, presentaría otro proyecto, el que fuera de todos los que tengo por ahí en la carpeta de descartados.
En fin, habrá que asumir el golpe y reaprender algo que ya hace tiempo que sé: En literatura, ya todo está inventado, cualquier cosa que hagamos, la habrá hecho alguien antes. Ante este panorama, lo único que podemos hacer es afilar nuestras plumas y sacarle brillo a nuestra prosa para que la historia que contemos, aunque no sea tan única como nos gustaría, impacte en el lector y le deje huella.





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