Publicado originalmente el 6 de abril de 2008 por Carmen en Tukitina’s World.
… Pero no, se ve que toca que me duela el alma. Lo más jodido es que para eso me temo que no sirve el paracetamol. Llevo días así, melancólica, tonta, ñoña, o mejor dicho, absurda, en general. Me hace gracia ver como soy capaz de desmoronarme por la mayor de las estupideces sin si quiera ruborizarme por ello. Creo que la primavera me sienta mal.
Sí, preferiría que me doliera cualquier parte de cuerpo. Es más, sin pensármelo un segundo ofrecería que me partieran un brazo o una pierna a cambio de que desapareciera este horrible dolor que me oprime por dentro. Es evidente que un pensamiento tan idiota sólo puede deberse a una sobredosis de polen. Me pregunto cuál será el antídoto para este veneno que me mata lentamente, me atonta, me acobarda, me desvela, me aprieta el alma hasta ahogarla y no deja entero ni un minúsculo pedazo de mi ya sobradamente puteado corazón.
Y por si fuera poco no me puedo concentrar, sólo pienso en ti (como en la canción, sí) y tengo que esudiar y no soporto más ser así de imbécil. ¿No se supone que este tipo de reacciones absurdas desaparecen junto con la maldita pubertad? Creía que ya había dejado atrás la adolescencia, pero cada año se empeña en volver con la primavera… Sí, ojalá me doliera un pie, la cabeza o se me partieran ambos brazos. Lo que fuera con tal de que desapareciera esta sensción, este sufrimiento, este descosuelo, este maldito amor a destiempo.
Maldita primavera que no me deja estudiar…





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