Paso a paso, palabra a palabra
Se supone que estoy de vacaciones de escritura, y lo estoy, pero hoy me he levantado apática.
Sucede que no me encanta lo que estoy escribiendo. Y, ojo, que he usado el verbo encantar y no gustar, ni convencer, porque creo que ahí está la clave. Bueno, no, ni siquiera está ahí. Creo que el punto es que mientras escribo -mientras creo- mi juicio queda suspendido y pierdo cualquier capacidad que haya podido tener antes para saber si lo que estoy haciendo es bueno o malo. Peor todavía, todo se vuelve emocional, desaparece la lógica y, en lugar de argumentos, quedan solo sensaciones.
Todo estaría bien si esas sensaciones fueran fiables, pero me consta que no lo son. Varias veces ya he sentido que estaba escribiendo una mala historia, que ha acabado siendo de mis favoritas, o un pésimo personaje, al que he acabado amando por encima incluso de los demás.
Es más, he perdido la cuenta de las veces que habría abandonado una historia por no ser lo que yo pretendía o por no darme esa sensación que ni siquiera sé explicar o por cualquier otra estupidez que no puedo poner ni en palabras, sino que debo describirla con ridículos gestos de las manos.
Y de todas esas ocasiones, muchas he abandonado, y ni os imagináis cuánto me arrepiento, porque añoro esas historias perdidas como a los mejores amigos que no ves desde la infancia. Pero, más importante para este caso, son las ocasiones en las que he conseguido superar esa barrera, supuestamente emocional, construida a base de sensaciones, que acaban por demostrarse vanas, y el resultado han sido historias que, una vez terminadas, me han entusiasmado y personajes, que ya completos en su universo, han sido de los mejores que he escrito.
Suele ocurrir que cuando, años después de haberlas escrito, vuelvo a aquellas historias que estuve a punto de abandonar por esas sensaciones sin nombre, tan similares a las que ahora siento, no solo me encantan sino que me parecen de gran calidad, y sé que queda feo que una diga eso de su propia obra. Pero es lo que es.
Entonces, ahora mismo, estoy atravesando este extraño momento en el que dudo de todo y en el que las ganas de tirar la toalla son inmensas. Ese momento en el que pienso que estoy a tiempo de empezar otra historia, mejor que esta, o que quizás tengo que darle otra vuelta a la escaleta en lugar de escribir… Ese momento en el que cualquier cosa parece mejor idea que escribir.
Pero una ya tiene unos años y ha acumulado experiencia suficiente como para saber que no hay que abandonar, no importa lo cuesta arriba que se ponga, no importa el bombardeo emocional sin soporte argumental alguno, no importa absolutamente nada, salvo seguir adelante.
Y allá voy, paso a paso, ahora mismo a través de un desierto del que no veo el final, pero dispuesta a atravesarlo para encontrar aquel maravilloso oasis de mis recuerdos, esa tierra prometida, aquel paraíso perdido… Llegados a este punto, solo pueden ocurrir dos cosas: Que lo consiga, o que caiga en el intento.
PS: Por cierto, las notas, bien 😀
PS2: He usado el generador de títulos de la IA y aunque no me convence del todo, puede que tenga razón a la hora de decidir los títulos con forma de consejos para atraer tráfico… Habrá que ir probando a ver qué tal.
PS3: Y sí, llevo varias entradas usando el generador de imágenes de IA en lugar del banco de imágenes directamente. Todavía no puedo decir si me gusta el resultado, habrá que seguir probando.





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