Empezando mi TFM: Reflexiones inspiradas por J.R.R. Tolkien

Estoy escuchando el prefacio de la edición en audiolibro de El señor de los anillos. He perdido la cuenta de las veces que lo he leído, pero reconozco que las ocasiones en las que lo he escuchado ya las igualan, o incluso superan. Creo que se debe a que oír esas palabras de Tolkien no deja de ser como reencontrarse y charlar con un viejo amigo. No miento si digo que es un lugar seguro para mí, en el que refugiarme con una taza de café cuando, por lo que sea, las palabras -las historias- no fluyen.

Hay muchas cosas que me gustan del pensamiento de Tolkien y en las que, además, coincido, como, por ejemplo, su aversión hacia las alegorías. Pero también esa idea firme de que un buen cuento de hadas, que es como el autor se refería a la fantasía, pues todavía no se le había puesto nombre al género, debe tener -merece- un final feliz en el que todo entuerto queda resuelto, por duras que sean las tribulaciones sufridas por los protagonistas. Al giro de acontecimientos que da lugar a ese fin dichoso lo llamó eucatástrofe.

Pero hay otra cosa más importante, a mi juicio, que me hace volver una y otra vez a él, la idea de que la fantasía es necesaria para comprender nuestro mundo y también mejorarlo. Es idea, creo, es el motivo real por el que escribo. Y, sí, es también el motivo por el que quiero escribir la historia en la que estoy trabajando.

Explicarlo en este post ha sido bastante sencillo y creo que se entiende bien. Pero, por lo visto, soy incapaz de escribirlo en el apartado de Introducción de mi dichoso TFM. Desde ayer por la tarde que estoy dándole vueltas a la maldita idea, pero no hay modo.

Quizás sea por la conocida presión de la primera frase. Ya sabéis, eso de que esa primera oración es clave para conseguir la atención y el interés del público. Ya me gustaría a mí conseguir un «Llamadme Ismael» o, incluso mejor, «En un lugar de la Mancha de cuyo nombre ni quiero acordarme». Pero soy solo yo la que escribe. A estas alturas de la jugada debería conformarme con ser capaz de escupir una frase, la que sea, y completar ese primer apartado (¡qué solo es el primero, por favor!) para poder seguir adelante.

Agarrada de la sabia mano de Tolkien, quizás podría empezar con algo del tipo: «El presente trabajo pretende ser una hoja de ruta, una guía, para adentrarse en la peligrosa tierra de Fantasía, que, en palabras de J.R.R. Tolkien, está llena de trampas para los incautos y mazmorras para los temerarios» y a partir de aquí explicar que, sin ánimo de compararme con tan gran autor, sí pretendo proyectar -y escribir- lo que el autor de El señor de los anillos denomina en su ensayo Sobre los cuentos de hadas, un mundo secundario, en cuyo interior lo que se relata es verdad en tanto que está en consonancia con las leyes de ese mundo.

¿Qué os parece esto como inicio? Aunque no empiece con una frase memorable, no tiene mala pinta como primer borrador del primer apartado… Y, si tenemos en cuenta que lo que no había logrado sobre un documento de word en 24 horas lo he conseguido en unos 30 minutos en el blog, quizás, solo quizás, debería plantearme escribir el maldito trabajo en formato blog y, después, ya si eso, llevármelo al documento de entrega. Madre mía, con los vicios y manías de escritora.

En fin, que voy a seguir trabajando, que con la tontería de escribir el primer apartado todavía voy en pijama y, a estas horas, ni siquiera he hecho la cama…

PS: A veces el análisis del post del asistente IA es mágico para subir el ánimo y, encima, me da buenas ideas. Adjunto captura :p

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