Manual imprefecto nº 2: afirmaciones para escritoras en apuros

El poder de las palabras que nos decimos

Como buena amante de los cuentos, siempre me ha gustado la mitología, las leyendas, la fantasía y, cómo no, la magia. Y, sí, siempre me he mostrado abierta a creer en lo imposible, pero sin concretar demasiado. Ya sabéis, esa postura un tanto cómoda pero bastante hipócrita del que no acaba de de creer en nada, si siquiera en esa la ausencia de algo en lo que creer.

En ese saco de las creencias y fantasías que, a lo sumo, surtían un efecto placebo, incluía mi yo de hace diez años prácticas como la meditación, la visualización o entre otras, las afirmaciones positivas.

Y de las afirmaciones, precisamente, trata este artículo. Pero no solo de las positivas, de las negativas también. Y, concretamente, de aquellas que hacemos sobre nuestra escritura, el deseo de escribir o de dedicarnos a ello o sobre nuestros trabajos.

Cuando la autocrítica bloquea

Yo no sé tú, pero cuando yo empecé a plantearme con un mínimo de seriedad esto de escribir me hablaba fatal. No, no es que me dijera que todo lo que hacía era una mierda, qué va, de eso me habría dado cuenta. Era algo muchísimo más sutil. Era como si tuviera una lupa mágica que aumentara todos mis errores, grandes o pequeños, y los hiciera resaltar. En cambio, los aciertos, ni siquiera los percibía, o, en todo caso, consideraba que eran lo normal, lo que se esperaba de mí.

Pensaba que el error debía castigarse duramente, pero el acierto no merecía celebración. Ahora sé que esa es una forma horrible de pensar.

Esa manera de juzgarme está relacionada con el concepto que yo tengo de mí misma y lo que, desde mi punto de vista, debería saber y hacer a la perfección a tenor de lo que he estudiado, practicado, trabajado… Básicamente es como si, a mi modo de ver, el desempeño fuera la única muestra de conocimiento adquirido válido y el error, fuera cuál fuera su forma, número e importancia, invalidara automáticamente cualquier bagaje previo.

Según esa lógica horrenda, el error debía castigarse duramente pero el acierto no merecía ningún tipo de halago o celebración, pues era lo esperable.

Sí, lo sé —ahora, al fin, lo sé—, esa es una forma horrible de pensar. Y, de alguna manera, la Carmen del pasado también debía saberlo, porque solo aplicaba ese baremo a mí. Siempre —siempre, siempre— me he dedicado a ensalzar los aciertos y éxitos de los que me rodean y a quitar hierro a sus fallos. Conmigo, no obstante, no tenía piedad.

Detectar el patrón y cambiarlo

Esa manera de pensar y actuar, como es lógico, no me llevó a nada bueno. Al contrario, me bloqueé y el episodio de cerrazón duró, año arriba o abajo, una década. Y creedme cuando os digo que todavía tengo que hacer a diario mis ejercicios para no volver a caer en aquel ciclo de autodestrucción y bloqueo.

A lo que voy es que, en algún momento me di cuenta de ese patrón de pensamiento y comprendí, por un lado, cómo había logrado bloquear cualquier halago o crítica positiva externa, ignorado éxitos y aciertos; y, por otro, cómo había magnificado cualquier error, real —y esto es lo más duro— o imaginario.

Al traer a la consciencia ese patrón de pensamiento puede observarlo y, con mucha paciencia, calma y práctica, substituirlo por uno más agradable conmigo misma, más realista y, si se quiere, hasta más sano.

Fue entonces cuando me di cuenta de que no había tanta diferencia entre las afirmaciones positivas y los mensajes que ahora me daba a mí misma, que valoraban cada pequeño éxito y evaluaban los errores y fracasos desde una perspectiva justa y realista.

Afirmaciones para escribir con alegría

En ese momento comencé a probar con afirmaciones positivas relativas a la escritura. No grandes frases del tipo «soy la mejor escritora del mundo» ni «todas mis obras son súperventas», sino cosas más adaptadas a mi día a día y necesidades como «me divierto escribiendo y creando historias y personajes». Ya sé, me diréis que si alguien escribe es porque le gusta y se divierte, pero resulta que yo me había olvidado de eso.

Otra de mis afirmaciones favoritas es «cuanto más escribo más disfruto y más aprendo». También me gustan «cada historia en la que trabajo me ayuda a mejorar», «todas las palabras que escribo cuentan» o «mis historias conmueven y hacen disfrutar a mis lectores».

La cuestión no es qué afirmación positiva usar, sino procurar que las palabras que te dedicas son amables y te ayudan a alcanzar las metas que te has propuesto.

Una pequeña guía práctica

Aquí tienes una lista de afirmaciones que puedes repetir, adaptar o transformar según tus propias necesidades creativas:

Para confiar en tu voz

  • Cada palabra que escribo me acerca más a la escritora que quiero ser.
  • Mi voz narrativa es única y tiene valor.
  • Mis historias merecen ser contadas.

Para abrazar el proceso

  • Escribir es un proceso y cada paso cuenta.
  • Me permito escribir mal en el borrador para escribir mejor después.
  • El error no me define, me enseña.

Para celebrar los logros

  • Cada página escrita es un triunfo sobre la duda.
  • Todas las palabras que escribo cuentan.
  • El disfrute de escribir ya es un éxito.

Para conectar con las lectoras

  • Mis historias conmueven y hacen disfrutar a mis lectores.
  • Mis lectores existen y me están esperando.

Ejercicio abierto

Escribe tu propia afirmación de hoy. Solo necesitas una frase amable y verdadera que te acompañe en tu escritura.

Hoy me digo a mí misma:___________

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