Estoy cansada y se nota en el tiempo que tardo en empezar a escribir desde que abro el documento. También en la forma de vacilar sobre el tema. E, incluso, en la velocidad a la que tecleo. Estoy segura de que si me viera desde fuera vería ese cansancio reflejado también en mi postura, algo más encorvada de lo normal.
Pero me he propuesto escribir a diario en el blog, aunque el post trate sobre el tiempo, como una mala conversación de ascensor. Eso no importa. Lo único que cuenta es ejercitar el músculo de escribir, como si de un bíceps cualquiera se tratara, para que no se atrofie de nuevo, para que esté en forma, para que, a través de estos ejercicios de escritura sobre la nada, quién sabe, vengan las ideas, las historias, los escenarios, los personajes.
En otra vida, cuando todavía era solo escritora y la ilusión de vivir únicamente de escribir parecía mucho más posible de lo que acabó siendo, escribía a diario en el blog. Y en mis cuadernos. Y en páginas sueltas. Y en libretas. Y en los documentos de word que acababan siendo mis novelas, antes de que descubriera Scrivener…
Sí, entonces escribía cada día y de aquellas entradas sobre la nada, o sobre el todo, surgieron historias maravillosas, personajes inolvidables, escenarios que no me canso de revisitar cuando aparece la nostalgia y desempolvo los blogs dormidos…
Es por eso que quiero recuperar esta costumbre —este mal vicio, que dice mi madre, que jamás ha entendido demasiado bien esto mío de tener que ponerlo todo en negro sobre blanco—. Quiero volver a abrir puertas y ventanas de mi mente —¿de mi ser? ¿de mi alma?— y que se airee el edificio, del ático al sótano, incluidos despensa y armarios. Y, quién sabe, con un poco de suerte, regresa la magia y con ella las historias, los personajes, los escenarios, las maravillosamente malditas tramas imposibles…
Así que, aquí estoy, escribiendo, sobre todo y sobre nada, más cansada de lo que me gustaría porque empiezo a notar sobre la espalda el peso de la semana mientras mi mente y mi cuerpo se preparan para la maratón de evaluaciones de junio y mi espíritu suspira, perdido en ensoñaciones sobre a qué proyecto dedicará las ansiadas vacaciones de verano…
De momento, lo único que tengo claro es que, pase lo que pase, seguiré con mi entrada diaria. Ya sabéis, para ejercitar el músculo, para estar lista, por si, en algún momento, ocurre la magia.





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