Escribo esta entrada con el último ápice de energía que me queda hoy. Estoy cansadísima y con mucho dolor, pero también alegre… Casi, diría, feliz. He recuperado un proyecto que llevo un año postergando, lo he rescatado del agujero en el que lo tenía guardado y lo he traído de vuelta como parte de este blog.
Antes, esta historia se llamaba Sombra y era un Spin-off de una obra mayor, Ladrones de Almas, con la que no soy capaz de reconciliarme. Pero el universo de esas obras, Atiskaya, es demasiado bonito para tenerlo secuestrado y escondido, lejos del público que lo pueda disfrutar.
No es una historia para todo el mundo, eso lo sé. Y ni siquiera me siento segura de cómo me siento al saber que he escrito esto. Hay una relación de amor/odio y bastante vergüenza y autofustigación con esa historia. Pero algo tengo claro, repito, no puedo dejar el universo en un cajón.
Así que lo he rescatado, lo he desempolvado y lo he convertido en historia por entregas en el blog, con la idea de que, quizás, si lo comparto aquí, aunque sea solo entre suscriptores, puede que me vuelva a ilusionar, me obligue a actualizar la historia y —ojalá— continuarla y convertirla en libros (me he pasado el día soñando a lo grande y ahora no tengo fuerzas para explicar todas esas ideas, pero creedme, cualquier proyecto de autoedición que imaginéis se queda corto frente a mis fantasías)
En fin, que, si os apetece leerlo, lo he puesto aquí, con acceso solo para suscriptores. Y lo he rebautizado como La danza de los mundos. Veremos que acaba saliendo de aquí…





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