Lo peor de que tu trabajo final de máster (TFM) consista en la creación de un proyecto literario es que, al tratarse de un trabajo académico, se exige que incluya un apartado específico de marco teórico.
Me explico, no me molesta tener que justificar con argumentos y referencias teóricas las decisiones detrás del proyecto literario, que debe ser el núcleo central del TFM. Lo que me incomoda -y me bloquea un montón- es tener que redactar un apartado puramente teórico que, aunque obviamente está relacionado con el proyecto de novela, no hace referencia a él en ese apartado en concreto. Es decir, es pura teoría inconexa.
Puedo decir que llevo prácticamente todo el día de hoy dedicada a ese maldito apartado, y es cierto, salvo por aquello de parar para almorzar y otro alto, más reciente, para redactar mi aportación para un trabajo de grupo. Pero lo triste es que llevo más tiempo, mucho más, en ese apartado del marco teórico, sencillamente porque las pocas veces que he encontrado la voluntad para sentarme a trabajar en él he avanzado extremadamente despacio. Peor todavía es, me temo, esa sensación de no querer trabajar en ese apartado.
Escribir por placer, aunque sea un texto académico
Creo que lo que ocurre es que una servidora ya tiene una edad -y no, no me refiero solo a los años, sino más concretamente a la experiencia acumulada- y ya no me apetece escribir cosas que no me interesan. Quizás cuando estaba en la veintena -y había tenido que tragar pocos o ningún sapo todavía- podía encontrar retadoras este tipo de tareas y, solo por el hecho de afrontar el reto, las hacía gustosa. En la treintena, bueno, ya no había un reto en eso, pero con aquella crisis económica que casi nos llevó a todos por delante -y ya con sobrada experiencia en eso de tragar sapos (y ranas y culebras y batracios y lagartos…)- si había que hacer una disertación teórica sobre el sexo de los ángeles porque servía para conseguir un fin, por entonces necesario, como un título -más- de máster, pues se hacía. Pero ahora… Ahora, a menos de dos semanas de cumplir 43, pues qué queréis que os diga, prefiero escribir únicamente por gusto y placer. Sí, también cuando se trata de un texto académico.
Y, por lo general, yo encuentro el placer en el sentido. Pero, maldita sea, no tiene ningún tipo de sentido que esté volcando información -con sus correspondientes citas y referencias- sobre los géneros literarios cuando es un tema conocido hasta por los alumnos que he tenido en primero de la ESO. Vale, aquí hay más profundidad, pero, leñe, que me aburro.
Me imagino, que esas ultimas palabras son las culpables de que a día de hoy a duras penas lleve una página y cuarto del mínimo de seis -máximo de doce- que tengo que escribir en ese apartado.
Ni más tesinas ni tesis
Lo que me está ocurriendo con este trabajo me lleva a comprender que, quizás, este sea mi último máster -al menos mientras cursar otro implique otro TFM- y que, tal como siempre he sospechado, por tentador que a veces pueda parecer, el doctorado tampoco es un camino para mí. En todo caso, si en algún momento me pega la neura, escribiré algún artículo y trataré de publicarlo. Pero creo que he llegado a mi límite en lo que se refiere a hacer chorradas -y entiéndase como tales cualquier cosa que se aleje de lo que me apetece- solo para que me den un título más.
Eso sí, no descarto chorradas menores, como entrega de actividades y exámenes a ritmo de tres al día, si no hay TFM de por medio. Lo digo porque ya tengo el ojo echado a un máster de guion audiovisual que no requiere de esta última tortura académico-masoquista.
Así que, vamos, no descarto seguir estudiando, pero, por piedad, sin más trabajos de demasiadas páginas y epígrafes innecesarios, por descontextualizados.
Mi problema con el problema de los géneros
Lo que más rabia me da del asunto es que el tema de los géneros me gusta. Es decir, hay todo un mundo ahí, desde la diferencia de la clasificación clásica a la moderna, pasando por las teorías de Todorov o las clasificaciones comerciales.
Lo que no me gusta es tener que dedicar seis páginas de un documento, cuyo centro se supone que es un proyecto narrativo, a disertar sobre una cuestión que no es el centro del proyecto. No sé si me explico.
Así que no me importa si tengo que escribir tooooodo un trabajo sobre los géneros literarios. Pero, por favor, que ese sea el tema central del trabajo. Con lo que estoy haciendo ahora siento que estoy perdiendo el tiempo y dando vueltas sin llegar a ningún lugar concreto y, sobre todo, no al que tengo que llegar, que es la redacción del proyecto de novela.
A llorar a la llorería
En fin, que supongo que necesitaba desahogarme para poder seguir, o intentarlo. Imagino que, como decían mis alumnos de hace unos años, si quieres llorar, ve a la llorería. Que los de mi quinta traduciríamos por aquello de «aquí se viene llorado». Y, me guste o no, supongo que este blog es mi particular llorería.
Así pues, echadas las lagrimitas necesarias, vuelvo al tajo. A ver si, con un poco de suerte, consigo cerrar y superar de una vez por todas, al menos, el dichoso apartado de los géneros literarios. Si la suerte -o el Muso- me acompaña, hasta puede que fulmine todo el apartado de marco teórico durante este fin de semana. Crucemos los dedos.
PS: Creo que lo mejor de todo el post es la foto que ha hecho la inteligencia artificial de WordPress 😉





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