Degenerativamente crónica

A veces, el dolor emocional se transforma en dolor físico. O quizás sea que el alma supura en la carne lo que no sabe expresar de otro modo. Sea como sea, mi cuerpo ha decidido representar en tendones, ligamentos, huesos, músculos y piel todo lo que se cocía en mi espíritu y me ha regalado una lesión de rodilla. Aunque ni siquiera es una lesión nueva, flamante en su innovación y originalidad. Qué va. Es una reedición -la enésima, sí, qué ironía- de un problema crónico y, cómo no, degenerativo.

En algunos momentos no puedo evitar preguntarme si esas dos palabras, crónico y degenerativo, no son más en mi caso que la descripción de mis condiciones físicas. Porque bien, la lesión de rodilla y la de cadera, igual que los problemas de corazón y todo el cuadro autoinmune que los engloba y acompaña, son crónicos y degenerativos. Y, si estoy en lo cierto, con ellos mi cuerpo expresa lo que padece el alma. La cuestión, aquí, es: qué tipo de mal crónico y degenerativo sufre mi alma para expresarse con tanta complejidad en mi cuerpo. O, mejor, qué debo sanar en mi espíritu para que deje de sufrir mi carne.

Aunque, por supuesto, también cabe la posibilidad de que el dolor físico sea solo eso, físico. Quizás ni alma, ni espíritu, ni manifestación inmaterial alguna del ser existen más allá de esta carne mortal que llamamos cuerpo. De ser así, en efecto, nuestra existencia implica un mal crónico, el crecimiento, que, por definición, deviene en envejecimiento y, por lo tanto, en condición degenerativa. A partir de ahí, todo serían simples matices sobre la virulencia y la velocidad de tal condición, a la que, con más ironía que certeza, llamamos vida.

Creo que estoy demasiado intensa, pero es que eso es lo que me ocurre cuando el dolor se vuelve físico. Y admito -aunque no me enorgullezca- que este intenso dolor de rodilla, que ni siquiera me permite sostenerme de pie por mí misma sin ayuda de una muleta, es un alivio; pues mientras duele el cuerpo, el alma -¿el espíritu, la mente, el ser?- descansa.

Y a pesar del alivio espero -de verdad que lo espero- que tres días de pierna en alto, compresión leve, antiinflamatorios locales y frío sean suficientes para poder volver a la normalidad el lunes, porque no sé si sería capaz de aguantar ahora mismo una baja. Demasiadas horas seguida conmigo misma sin nada que hacer salvo oírme pensar es más de lo que mi cordura es capaz de soportar en estos momentos.

Por eso, me comprometo a tomarme en serio el reposo, implicarme por completo en la recuperación y encender velas a todos los dioses urbanos y paganos para que la recuperación sea rápida. Y, si para conseguirlo es necesario, hasta estoy dispuesta a comprometerme a velar por mi psique, como si de mi pierna se tratara. Lo que sea, con tal de no quedarme a solas con la versión de mí misma que ahora mismo me habita.

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Comentarios

4 respuestas a «Degenerativamente crónica»

  1. Avatar de entresombrayluz

    Creo que primero se debe sanar el dolor del alma, porque es el que más duele y te consume hasta marchitarte. A veces el cuerpo solo grita lo que el alma no puede decir ,a veces el dolor físico es casi un refugio frente al vacío interno.

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    1. Avatar de Tercapluma

      Creo que tienes muchísimas razón. Al final, mi cuerpo solo está haciendo visible lo que sucede por dentro (ese vacío interno al que te refieres). Toca, pues, cuidar el interior y no solo lo externo. Gracias por el comentario ❤️

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  2. Avatar de entresombrayluz

    Me alegra saber que conectaste con mis palabras. Sanar el interior es el primer paso para volver a sentirnos completo.

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