Preludio

Los humanos no sois los únicos habitantes de este mundo. 

Ese mundo que creéis vuestro y tan bien pensáis conocer no es más que una pequeña parte de uno mucho mayor, tan grande como todo un universo. Un mundo formado por cientos de mundos, más o menos similares al vuestro, íntimamente conectados entre sí, y también al que habitáis, aunque sean invisibles a vuestros ojos. Ese mundo hecho de mundos, al que pertenecéis, sin verlo ni saberlo, es fundamental y decisivo en el destino de la humanidad.

Son muchos los nombres que ha recibido. Tantos como tradiciones, religiones, filósofos o gurús han hablado de él. Nosotros lo conocemos como Atiskaya. Y al mundo humano, que es una parte de él, lo llamamos Reino Material, aunque es solo uno más de toda la región conocida como Reinos Intermedios a la que pertenece. 

Por encima y por debajo de los Reinos Intermedios, existen otros reinos, infinitos en su número y características, que conforman los Reinos Superiores e Inferiores. El conjunto de estas tres regiones, su movimiento perpetuo y las relaciones entre ellos, constituyen y moldean todo lo que ha sido, es y será. Y eso es Atiskaya, un universo en pleno, más allá del tiempo y del espacio, cuyas leyes lo rigen todo, aunque lo desconozcáis e ignoréis.

Muchos han sido también los intentos en el Reino Material por describir Atiskaya y los seres que lo habitan. Pero su existencia parece escapar a vuestra comprensión, por más que vislumbréis su realidad. En vuestros tiempos más antiguos, muchos pueblos hablaron de mundos superiores habitados por dioses, de espíritus de la naturaleza que convivían entre vosotros o de inframundos llenos de seres capaces de desencadenar las peores catástrofes. Claro que, a día de hoy, muchas de esas descripciones se han perdido en la bruma del tiempo, otras se califican de mitos, muchas se menosprecian y tantas más son malinterpretadas. En la actualidad, la mayoría de las descripciones que los humanos hacéis de Atiskaya o bien se exceden en su simplicidad o bien niegan directamente la existencia de mundo alguno más allá del conocido.

De todas las definiciones de Atiskaya que siguen vigentes, quizás las más aproximadas las podamos encontrar en las antiguas tradiciones de esa región situada en lo que llamáis Oriente, que hoy conocéis con el nombre de India, de las que beben religiones y filosofías todavía en activo, como el budismo, el hinduismo o el shivaísmo, y otras, que ya forman parte del pasado humano, como el mitraísmo, el zoroastrismo o el orfismo. 

Ninguna de esas tradiciones es exacta ni las tomáis demasiado en serio. Quizás sea porque hace demasiado tiempo desde la última vez que los seres de otros reinos caminaron sin camuflaje de clase alguna entre vosotros. Pero esos seres, y no otros, fueron los antiguos dioses y demonios; los daimones, genios e Ifrits; los manes, lares y penates; los titanes y olímpicos; los señores del Duat; los regentes de An, Ki, Absu y Kur; los devas y asuras; los espíritus de la naturaleza, los de los cielos y los poderosos dioses ctónicos primitivos… Cada uno perteneciente a uno de los miles de reinos existentes, cada uno distinto, pero todos igual de importantes para la historia que os ha traído hasta aquí. En su honor y nombre vuestros antepasados levantaron templos, fundaron religiones, libraron guerras, crearon ciudades, derribaron imperios… 

Pero, por supuesto, hace mucho que los humanos olvidasteis la verdad del universo maravilloso al que pertenecéis y de los magníficos seres que lo habitan. Aunque, para bien o para mal, ni Atiskaya ni ninguno de sus habitantes se ha olvidado de los hombres y mujeres que pueblan vuestro mundo.

La magia sigue entre vosotros, aunque solo unos pocos la veáis y muchos menos podáis o queráis entenderla.

L’Orien

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Comentarios

2 respuestas a «Preludio»

  1. Avatar de Ronda de otoño – La enésima

    […] Preludio. Es la pieza inicial de la danza, común a todas las piezas que la componen. […]

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  2. Avatar de Puertas – La enésima

    […] que ni siquiera recordaba haber escrito, es demasiado similar a lo que ahora es el preludio de La Danza de los Mundos para que no me llame la atención, solo que lo escribí mucho antes. Pero, más que eso, lo que me […]

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