Puertas

Otra vez siento que al escribir abro una puerta que, generalmente, no solo está cerrada, sino que es invisible. Hacerlo me asusta y excita por igual. Traspasar ese umbral, es, en realidad, lo que da sentido a mi vida.

Más allá del martilleo de los dedos sobre las teclas, de las palabras y de las páginas escritas, hay un mundo que, por lo general, desconocemos e ignoramos. Un mundo que desde cualquier punto de vista actual no debería existir, pero que, nos guste o no, existe. Un mundo que, cada día estoy más convencida, forma parte de este que sí aceptamos y disfrutamos —o padecemos—, pero que no podemos o sabemos medir, definir y calificar, y que, supongo, por eso negamos. Pero negarlo no hace que deje de existir, igual que repetir una mentira no la convierte en verdad.

Sentir ese nudo en el estómago que me indica que estoy a punto de entrar en ese otro lado de la realidad suele hacer que dude de mi cordura. Pero hay momentos, quizás los de más enajenación, en los que no importa en absoluto perder la razón con tal de poder disfrutar de aquello que, por consenso social, nos está del todo prohibido.

La puerta de entrada que yo conozco a ese mundo que está más allá de lo que conocemos, y que aparece y se abre cuando dejo volar libre mi mente sin restricción alguna, no es, seguramente, la única que existe. Pero es la más cómoda para mí, la de más fácil acceso. Y, a partir de ahí, ya nada vale ni es definible. Ni puede contarse, a no ser que uno quiera que lo encierren directamente en un psiquiátrico.

Lo que hay al otro lado —que no deja de ser este mismo lado, por más empeño que pongamos en negarlo— ha sido mil veces descrito por la humanidad, pero ninguna de esas descripciones sirve. Y es absurdo tratar de darle nombre, o de clasificarlo, porque el mero hecho de intentarlo, hace que se esfume. Y en realidad tampoco debería de importar que así sea, salvo porque nosotros tenemos la manía de querer encasillarlo todo, etiquetarlo, esquematizarlo…

Así que, poco importa lo que yo diga o escriba, salvo que otra vez he encontrado la puerta y que, de nuevo, siento ese nudo en la boca del estómago que me indica que estoy a punto de entrar. Y, por supuesto, siento miedo, terror, de hacerlo y desaparecer, o perder completamente el juicio y desvincularme hasta tal punto de lo que llamamos realidad que no haya modo de volver.

Y, por supuesto, siento las ganas —la necesidad— de penetrar en esa realidad que otros llaman fantasía. Dentro de nada, la necesidad se impondrá, la curiosidad ganará la partida, y dejará de importarme si desaparezco o si lo hace todo lo que ahora me rodea. Al fin y al cabo, qué más da, si lo único que sabemos con certeza de esto a lo que llamamos vida es que, hagamos lo que hagamos, en un momento dado, simplemente, se termina. Siendo así, habrá que disfrutarla hasta las últimas consecuencias, sean estas cuales sean, digo yo.

Si encontramos puertas, la curiosidad —y quizás también la imprudencia— impone abrirlas.

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Escrito y publicado el 26 de noviembre de 2012 en mi antiguo y perdido Diario de una escritora.

Este texto, que ni siquiera recordaba haber escrito, es demasiado similar a lo que ahora es el preludio de La Danza de los Mundos para que no me llame la atención, solo que lo escribí mucho antes. Pero, más que eso, lo que me sobrecoge es que creo que recoge no solo la semilla de un mundo que no era todavía ni un embrión, sino también la causa del largo bloqueo creativo que siguió al nacimiento de aquel universo llamado Atiskaya y que, ni más ni menos, el miedo. Miedo al qué dirán, sí, pero también a perder la cabeza —y sobre todo— a quedarme sola.

Hoy, tantos años después, comprendo que lo que he vivido supera a cualquiera de esos terrores antiguos. Pero, no solo eso: también entiendo que algunos de esos miedos, o, al menos, sus ecos, todavía me acompañan. No obstante, esta vez, elijo seguir adelante y abrir de par en par la dichosa puerta, para que lo que tenga que pasar, suceda, y, el que tenga que irse, que se largue.

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Comentarios

2 respuestas a «Puertas»

    1. Avatar de Carmen

      Me alegra que te guste ☺️ Gracias por comentar.

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