Nuevos proyectos, género, señores de bigote y la eterna discusión sobre «la literatura seria»

Una idea nueva: Proyecto Ecos

No sé si ha sido fruto de la medicación o de eso de que cuanto más escribes más historias se te ocurren, pero se me ha ocurrido una nueva idea. Ayer, en lugar de hacer todo lo que tenía previsto, me pasé buena parte de la mañana y casi toda la tarde trabajando en ella, ya sabéis, por aquello de tantear si es viable o flor de un día. Y parece viable. Así que, a partir de aquí, vamos a llamarlo Proyecto Ecos.

El eterno dilema del género

El problema es que, como casi siempre, cuando empiezo una idea con un mínimo de planificación, cuando puedo ver la idea en su conjunto antes de que esté escrita, como en este caso, me atasco en un par de cuestiones. Siempre, por supuesto, las mismas.

Por un lado, la causa del primer atasco es el género de la historia. Y, al menos en este caso, ese es un tema menor, porque el Proyecto Ecos es un retelling, así que el género ya no es un asunto mío, sino de la obra original a la que voy a dar la vuelta. Aunque, por supuesto, lo de escribir una reinterpretación también me ha dado mucha lata, pero, qué queréis que os diga, esta la veo tan de cajón y tan mía, que estoy dispuesta a ignorar todos los problemas que me supone eso de «recontar», con todo lo que hacerlo implica.

Ícaro y las alas falsas

Aquí las vueltas vienen al pensar en cómo y desde dónde recontar. Hay cosas que tengo claras. Clarísimas. Pero otras… Otras no. Por ejemplo, no tengo claro —o al menos no del todo— con qué reinterpretación, de todas las posibles, puedo quedarme en lo que se refiere al papel del personaje femenino principal.

Bueno, vale, estoy mintiendo. Yo sí lo tengo claro. Lo que pasa es que el mundo de los retellings, al menos los, digamos, más serios, han adoptado una postura política muy clara sobre el tema. Clara y un tanto extrema en tanto que, por representar una realidad, hasta ahora infrarepresentada, deja fuera aquello en lo que yo más cómoda y representada me siento. Traicionarme a mí misma no me parece una opción, pero tampoco quiero cortarle las alas al proyecto. Aunque tampoco me parece bien adosarle unas alas falsas, al gusto de la moda cultureta del momento, para que, cuál Ícaro, consiga volar alto solo para descubrir que esas alas no sirven de nada en realidad.

Oculta, por tratarse de un retelling, esta duda es la del género, que cada vez que me siento a escribir me asalta y me atormenta, solo que, ahora con otros ropajes.

El señor del bigote y el plátano

Y todo este conflicto ha empeorado esta mañana cuando, al abrir TikTok, el primer vídeo que me he encontrado ha sido el de un señor, muy digno él, comiéndose un plátano, muy bien peinado y mostachudo, comentando el vídeo de una chica con la siguiente sentencia: «Lo que ocurre es que las jóvenes, porque sobre todo son chicas, leen sobre todo romantasy, Dark Academia, young adult en general…, pero crecerán y se convertirán en lectores adultos y cuando vayan a la ficción literaria —le ha faltado decir a la literatura seria…— no encontrarán nada. El trabajo de las editoriales es crear nuevos públicos adultos».

No voy a ir al detalle, me voy a quedar con dos ideas: ficción literaria y nuevos públicos adultos. Y ahí me pregunto yo: ¿la novela de género es ficción literaria? Si la respuesta es sí, la novela juvenil es un maldito género. Igual que la infantil. Y es tan ficción literaria como la que más. Y, después, habrá libros mejores y libros peores; bien escritos y mal escritos; complejos y sencillos. Lo que quieras. Pero dejemos de sacar del cajón de la literatura la literatura infantil y juvenil (LiJ), por favor.

Cómo se crean lectores adultos (y cómo no)

Y ahora vayamos a lo de crear nuevos públicos adultos. ¿Cómo demonios se crean los públicos adultos? Pues inculcando el placer por la lectura en los jóvenes. Diría más, por las historias. Si a ti te gustan las historias, las buenas historias, las buscarás en el formato que sea. Pero, bueno, ciñámonos a los libros. Se inculca el amor por los libros, se enseña a buscar el placer en el libro y, a partir de ahí, el lector, desarrolla su gusto.

Yo no sé el de este señor, pero, por lo general, el gusto por la lectura, una vez adquirido, se mantiene —aunque fluctúe— y la atracción por uno y otro género varía. Y el gusto cambia en función de muchos factores, la edad entre ellos, pero también el momento personal. Y pondré un ejemplo cercano, cuando falleció mi padre yo solo podía leer poesía y filosofía. Nada de ficción, de género o no. Tuve una época de detectives. Una de histórica. Una de artúrica. He tenido largas épocas de no ficción. Y, sí, muchas y repetidas épocas de fantasía.

Los lectores adultos se construyen a sí mismos. Ser lector es un placer que conlleva cierta responsabilidad, como la de buscar y descubrir qué va contigo en cada momento, qué necesitas leer en cada etapa vital. Tu gusto se construye a través de la búsqueda personal, y, sí, de las recomendaciones en redes sociales, pero también de las lecturas obligatorias. Aunque no acaba ahí, hay que contar esas recomendaciones a susurros durante aquel verano en el que conociste a esa persona que puso patas arriba tu mundo y que te descubrió toda una galaxia de posibilidades. Y de la curiosidad por el libro que lee ese chico del tren. Y por esa conferencia que escuchaste aquella vez en la que mencionaron a varios autores. Y por las recomendaciones de los libreros. ¡Benditos libreros! Y tantas y tantas situaciones como escenas tiene una vida humana.

Pobre de la sociedad que delegue la construcción del gusto lector —la creación de lectores adultos— únicamente en las editoriales, o en cualquier otra empresa o institución en exclusiva, porque esa construcción del lector adulto es prácticamente inseparable de la construcción de la personalidad.

El censor que vive en mi cabeza

El vídeo de este señor me suena a lloriqueo porque «no le están dando bombo a lo mío» o, peor, «no se está leyendo lo que yo creo que se tiene que leer». Y no diré yo que cada uno no pueda llorar por lo que quiera, pero que para hacerlo, una vez más, haya que volver al debate de la alta y baja literatura y de si la LiJ es o no literatura, a estas alturas, ya cansa.

Por supuesto, también se me puede acusar a mí de lloriquear en esta entrada porque otro señor es que casi siempre son señores…— pone en tela de juicio que la LiJ sea literatura.

Y es verdad que estoy lloriqueando, pero no por eso.

Resulta que una servidora tiene dentro de su cabeza un señor casi idéntico al del vídeo. Bueno, no. Mejor imaginad a una señora de casi 44 años, con vestido y taconazos, pero con bigote y tupé como el señor del vídeo, criticando todo lo que hago porque no es literatura, literatura. ¿Queréis que le de voz? Allá va, pero avisados estáis que ese personaje de mi cabeza es muy mal hablado:

«Deja de escribir diarios de una puta vez, que las tías parece que no sabéis hacer otra cosa que esa estupidez de literatura del yo, que ni es literatura ni es nada, joder». «Si fueras tan escritora como te crees te dejarías de relatitos de fantasía y mierdas de esas y escribirías uno de verdad, de esos deconstruidos, con calidad». «Ya estamos con el romance. Joder, que parece que si no hay lío entre personajes no sabes contar historias». «¡Demasiados adjetivos! Como se nota que eres una tía».

Y así sigue la cosa… Así que sí, ver a un señor con bigote y tupé, comiéndose un plátano, soltando esas perlas me toca la fibra sensible porque yo llevo uno de esos todo el día conmigo, integrado en la sesera, gracias a esta sociedad en la que me he criado, que me lo ha incrustado ahí y no hay manera de sacarlo.

Editorial o autopublicación: esa es la cuestión

Más que eso, ese señor —el de mi cabeza, no el del vídeo— es el responsable de la siguiente cuestión que me atormenta sobre el Proyecto Ecos, que podemos resumir como «editorial o no editorial, esa es la cuestión».

Os juro que ayer, cuando parí todo el proyecto, al ver la escaleta, las fichas de personajes y demás, lo vi claramente para editorial. Insisto, lo vi clarísimo.

Hoy ya no.

Primero, la cuestión ya mencionada de los retellings serios. Eso no es lo que yo quiero hacer, pero tengo en la cabeza la idea de que una editorial solo aceptará el proyecto si es un retelling serio (otro día os hablaré de la escritora feminista radical que convive en mi cerebro con el tío del bigote…) Eso me lleva a un bloqueo por parálisis, en plan: ¿hago lo que quiero o lo que creo que debo? (En este punto sois libres de imaginar al señor del bigote y a la feminista radical de mi cabeza discutiendo a voz en grito, salvo cuando se ponen de acuerdo para gritarme a mí).

Entonces aparece la idea de, bueno, tú escribe, y luego ya verás. ¡Ja! No soy capaz de eso. Yo tengo que tener un foco claro por el que hacer las cosas y escribir sin ese foco es para mí el equivalente a escribir sin rumbo, o, lo que es lo mismo, me bloquea. Y no escribo.

La tercera opción es la de asumir, como mecanismo de defensa, que nada de eso va conmigo, que yo, más que escritora, soy una artista, y que todos los rollos esos prácticos tienen que ver más con el marketing y este maldito mundo capitalista en el que vivimos, por lo que la solución es escribir el Proyecto Ecos como parte de este blog y después, si me brota, autopublicar.

Al final, creo que esa última será la solución perfecta. Lo que convierte la autopublicación y la autoedición en un mecanismo no solo de defensa sino de supervivencia en un mundo demasiado hostil que siento que me aprisiona.

Y aquí os paso la pelota a vosotros:

¿Pensáis que la literatura infantil y juvenil sigue estando infravalorada frente a una supuesta «literatura seria»?

¿Habéis detectado tendencias, estéticas o políticas, que penetran en el mundo editorial y que, al menos durante un tiempo, se convierten en criterio de selección de manuscritos?

Y, lo más importante: ¿también tenéis un «señor del bigote» en vuestra cabeza cuya principal ocupación es criticar lo que leéis o escribís? (Prometo que el mío se está partiendo de risa ahora mismo solo de pensar en vuestros comentarios…)

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Comentarios

9 respuestas a «Nuevos proyectos, género, señores de bigote y la eterna discusión sobre «la literatura seria»»

  1. Avatar de sandruski1

    Hombreee! Claro que tenemos un señor o señora que nos dice que qué hacemos escribiendo cosas que no interesan a nadie. Eso sí, yo no creo que la literatura infantil esté denostada frente a la de «adultos» porque se venden y tienen mucha salida a pesar de la poca publicidad que tienen, o que yo veo online.

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    1. Avatar de Carmen

      ¡Totalmente! Ese señor o señora interno siempre está ahí para recordarnos que «lo nuestro no interesa» 🙄. Pero bueno, yo ya lo tengo medio domesticado: le doy voz en mis entradas y, al menos, nos echamos unas risas.

      Respecto a lo que dices de la literatura infantil y juvenil, coincido contigo en que se vende mucho casi sin promoción y tiene un público fiel. Quizás por eso me da tanta rabia que algunos sigan tratando la LiJ como un género «menor», cuando en realidad está sosteniendo el mercado editorial y creando futuros lectores. Yo creo que hay un desfase entre la percepción cultural (lo que algunos llaman «serio») y la realidad de las librerías, ¿no te parece?

      ¡Gracias por pasarte a comentar! Me encanta leer vuestras experiencias, porque al final todas estas voces son las que le quitan poder al señor del bigote 😏.

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  2. Avatar de Vivir a través de letras 👩🏻‍💻

    Me encantó el Proyecto Ecos 😍. Yo crecí leyendo desde niña y, como dices, mis géneros han cambiado con la edad y las etapas de mi vida. Ahora de adulta me cuesta engancharme con libros muy adolescentes 🤭. El señor del bigote 😂, te aseguro que todos tenemos un crítico así. Tengo ganas de ver a dónde te lleva este retelling.

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    1. Avatar de Carmen

      ¡Mil gracias! 😍 Qué ilusión que te haya encantado el Proyecto Ecos. Me parece precioso lo que dices de los géneros que cambian con la edad y las etapas, porque es exactamente lo que intento defender: que el gusto lector se mueve con nosotros.

      Y sí, esos libros adolescentes pueden costar más de adultos… pero a veces esconden un brillo que nos sorprende cuando menos lo esperamos 🤭.

      En cuanto al señor del bigote, totalmente: es un inquilino que todos llevamos dentro, aunque yo diría que el mío tiene demasiado protagonismo 😂. A ver si con este retelling consigo que se siente en un rincón y se limite a observar…

      Gracias por la compañía en el camino, de verdad ✨.

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  3. Avatar de Javi Arellano

    Maravilloso 😍. No tengo señores con bigote, alas, y que escriben con un plátano como el que sale en la imagen del inicio del post, pero cada uno tenemos lo nuestro. Yo acabo de despertar y la app del sueño me ha grabado diciendo a eso de las 23 horas y pico (antes de las 12, una vez dormido, o sea, soñando) diciendo, todo muy educado y tranquilo: “no, no, gracias, ahora no, vale…” que a saber qué estaba soñando 😂😂😂. Quiero recordar que estaba en la grada de un partido (no era fútbol, pero tampoco sé decir qué deporte era😅😆) pero no sé si eso era otro sueño ya… El caso es que he dormido, y que me encuentro aquí soltándote el rollo. Pero no, hombres con alas no tengo en mi cabeza ni en mis ideas de nuevas historias que contar😂😂😂. ¡¡¡Feliz viernes y finde, Carmen!!!

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    1. Avatar de Carmen

      Jajajaja 😂 me has hecho reír a carcajadas. Ese “no, no, gracias, ahora no, vale…” es material onírico de primera y dan ganas de meterlo en un relato tal cual 🤭. Y oye, hombres con alas igual no, pero sueños con gradas misteriosas y deportes indescifrables dan para mucho.

      Gracias por compartir tu “rollo”, porque me encanta leer estas anécdotas tan únicas.
      ¡Feliz viernes y finde para ti también, Javi! 🌙✨

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      1. Avatar de Javi Arellano

        Jajajaja 🤪. Estoy terminando mi tiempo de gym. El de curro ya lo terminé hace un par de horas. Así q esta tarde, q además llueve y tiene pinta de seguir así, toca mantita y escritura en casita. Pensaré meter eso en la/s historia/s 😉. Muchas gracias!!! Lo disfrutaremos🔝🦁🪇

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      2. Avatar de Carmen

        Ese plan suena perfecto para que fluya la inspiración ☔📚 ¡Ya quiero ver qué sale de ahí!

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      3. Avatar de Javi Arellano

        Al final salió esta mañana. Últimamente me activo cuando escribo así que prefiero no hacerlo de noche, y por contra, me despierto antes de que suene la alarma y es el momento para escribir. Como te digo, me activo y ya estoy despertado naturalmente 🤣🤣

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