No se ha notado en el blog —o eso espero— porque dejé las entradas programadas (bendita opción de WordPress), pero vengo de días duros, de médicos, trámites, estrés familiar, dolor físico y emocional y, sobre todo, agotamiento.
Hoy, sábado, por fin estoy escribiendo una entrada destinada a ser publicada el mismo día que la escribo. Y sé que puede sonar absurdo, porque lo eficaz y eficiente, cuando una quiere dedicarse con algo de seriedad y constancia a esto de escribir y publicar por entregas, es programar las publicaciones y olvidarse un poco de todo-
Pero, claro, yo combino lo de la publicación de secciones fijas por entregas con mi diario —este diario, que tantas veces me ha salvado la vida— , y eso funciona mejor con la inmediatez, la sinceridad un tanto exhibicionista y, por qué no decirlo, la improvisación.
Aunque, en realidad —y no me duele confesarlo—, la que necesita esa sinceridad inmediata, casi exhibicionista del alma despojada de ropajes, soy yo, no el blog, no la sección, no mi diario.
Lo cierto es que hoy también está siendo difícil. Hay resaca emocional, ha habido compromisos ineludibles y, además, para mí es un día importante en lo personal
Y aun así, ahora, en este instante, estoy eligiendo escribir la entrada del día.
Soy consciente de que podría parecer saludable parar. Y, seguramente, en muchos casos lo sea. Pero recordemos que lo que me ha traído hasta aquí no ha sido no saber parar, sino todo lo contrario.
En todo caso, lo que sí he aprendido en todos estos años ha sido, más que a parar, a dosificarme. Y eso es lo que voy a hacer hoy. Ahora.
Me dosifico.
Y dejo la entrada aquí.
Ya habrá días más suaves. Días mejores. Días en los que escribir pueda ser algo más que un dejar constancia de que, sí, sigo escribiendo porque, a pesar de todo, hoy también he elegido escribir.





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