Si lo perdiera todo, escribiría otra vez

Sugerencia de escritura del día
¿Qué harías si perdieras todo lo que tienes?

Si lo perdiera todo… solo se me ocurre una opción: escribir.

Sí, ya sé que mi respuesta puede sonar un poco a perogrullada, por el contexto, e, incluso, a fanfarronada, dado que eso es algo que ya hago y, más aún si tenemos en cuenta que seguir haciéndolo y conseguir vivir en exclusiva de ello es a lo que aspiro…

Pero lo digo completamente en serio. Y, lo que es peor, por experiencia. Escribir me ha salvado más veces de las que me atrevo a contar. Mencionaré solo dos.

La crisis que lo cambió todo

El primero se remonta a aquella crisis económica de 2008. Entonces, perdí el trabajo y era incapaz de encontrar ninguno más. En aquella época yo trabajaba en comunicación, era periodista en la delegación autonómica de una radio nacional, aunque antes había trabajado en periódicos, televisiones… —joder, parece que fue en otra vida—, pero los medios de comunicación en general, y los profesionales que trabajábamos en ellos, en particular, sufrimos aquella crisis con especial virulencia. En mi casa, además, fuimos dos los que recibimos el martillazo, aunque mi marido no se dedicaba a nada ni remotamente parecido. De la noche a la mañana pasamos de ser dos trabajadores con una carrera estable e, incluso, exitosa, cada uno en lo suyo, a vernos tirando de ahorros (¡benditos ahorros!).

Todos nuestros planes se pararon de golpe, todo lo que habíamos construido, se volatilizó, todo quedó en nada sin que pudiéramos hacer nada para evitarlo. Entonces, escribir me salvó. Me permitió procesar todo lo que sentía —toda aquella frustración, todo ese dolor— y no permitir que se enquistara en mi alma. Además, entonces pude escribir mi primera novela, algunos cuentos y adentrarme en el fabuloso mundo de la ficción, del que ya nunca he vuelto a salir. Sinceramente, no sé qué habría sido de mí entonces sin la escritura.

Cuando el cuerpo dijo basta

El segundo vino casi a continuación, o, al menos yo lo siento así, aunque, ahora que lo pienso, fue un poco más cruel: ocurrió justo cuando parecía que empezaba a levantar cabeza de aquel desastre económico que se había cargado mi carrera. En ese momento lo que perdí no fue el trabajo ni el dinero, sino la salud. Y solo entonces comprendí hasta qué punto aquella crisis anterior que tan terrible me había parecido era, en realidad, una tontería. Al fin y al cabo, si tienes salud, puedes hacer muchísimas cosas, pero cuando falla…

Mi enfermedad debutó con ceguera. Me asusté muchísimo y no era para menos, estaba sufriendo un ictus. Era 2015. Tenía 33 años y yo todavía no lo sabía pero, ahora sí, mi mundo se estaba yendo al garete.

Tengo que decir, porque es así, que fui —sigo siendo— muy afortunada porque, aunque en el hospital me mandaron a casa con unas pastillas para la epilepsia (¿?) y una cita con el oftalmólogo para el día siguiente (¡!), recuperé la vista. Y eso es lo importante.

Aquí la cuestión es qué demonios provocó un ictus a una persona joven sin factores de riesgo. La respuesta no fue una, sino muchas. Y, como los buenos culebrones, llegaron por fascículos. La espera y la batería infinita de pruebas no fueron algo bonito que pasar y sin la escritura, de nuevo como herramienta para procesar lo que sentía, ordenar el pensamiento y asumir lo que estaba viviendo, no sé cómo habría superado todo aquello. Digerir las respuestas que iban llegando tampoco habría sido posible sin la escritura, creedme.

Os resumiré el diagnóstico así: la válvula aórtica de mi corazón estaba escacharrada y hubo que sustituirla por otra de último modelo. La causa del estropicio cardíaco es, posiblemente, una enfermedad autoinmune que diez años después —sí, diez— sigue jugando al escondite con los médicos y provocando brotes —como el que estoy sufriendo mientras escribo estas líneas— cada equis tiempo.

La escritura como medicina

Algunos de estos brotes son, digamos, suaves, o, al menos, manejables. Eso implica que puedo hacer una vida medianamente normal a pesar de no estar al 100%, pero que, con más descanso, medicación y alguna que otra estrategia terapéutica, no me incapacitan. Otros… Bueno, otros son peores.

Estos brotes, mis médicos y yo lo tenemos comprobado, están directamente relacionados con el estilo de vida y el estrés. Si descuido mi estilo de vida (alimentación, deporte, medicación, meditación, estiramientos y, sí, escritura), la enfermedad se rebela y el brote aparece. Si lo hago todo bien, entonces, no. Claro que hay cosas que no son controlables y disparan el estrés y, con él, los brotes.

La mejor herramienta que tengo para vivir con la enfermedad, además de la medicación y todo lo que ya he explicado, es la escritura.

Los diarios, tanto los privados como los públicos, me permiten gestionar mis emociones, ordenar el pensamiento, asumir lo que vivo en cada momento, recordar todo lo bueno que tengo en mi vida y todo lo que tantísimo me gusta. La ficción… Bueno, la ficción me permite soñar y volar. Vivir más allá de las limitaciones que la realidad impone. Pero también interpretar la realidad desde el mito, entenderla, asimilarla de otra manera.

Así que, sí, no tengo duda. Ninguna duda. Si lo perdiera todo, lo que haría —otra vez— sería escribir. Y… os devuelvo la pregunta: ¿Hay algo que os haya salvado en el pasado que, de nuevo, haríais en una situación extrema, como perderlo todo? Os leo

Replica a Javi Arellano Cancelar la respuesta

Comentarios

5 respuestas a «Si lo perdiera todo, escribiría otra vez»

  1. Avatar de Javi Arellano

    Maravillosa historia que ya fue realidad. Pues ánimo que lo tienes arreglado todo 😊. Un placer leerte como siempre. Feliz semana, Carmen💫

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de Carmen

      Gracias, de corazón 😊. No sé si lo tengo todo arreglado, pero al menos ya no me asusta cuando se desordena. Gracias por seguir leyendo y por acompañar cada paso, de verdad. ¡Feliz semana también!

      Le gusta a 1 persona

  2. Avatar de Paola Jamelié
    Paola Jamelié

    Me sentí tan identificada…

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de Carmen

      Qué bonito leerte… 💛 Gracias por decírmelo. A veces una escribe pensando que habla sola, y encontrar eco al otro lado lo cambia todo.

      Le gusta a 1 persona

¿Vienes conmigo?

Suscríbete a La Enésima Aventura y recibe cada nueva historia directamente en tu buzón.

Esta página es solo un tramo del sendero

Deja tu correo electrónico y camina conmigo: encontrarás sueños, relatos y novelas que crecen capítulo a capítulo.