Un plan de trabajo cuidadosamente elaborado
Se supone que tengo que escribir una entrada para mi Manual imprefecto de una escritora en apuros. Y es así porque tengo un cronograma que así lo indica, según un plan de trabajo cuidadosamente elaborado.
El problema es que los planes de trabajo y los cronogramas son muy útiles cuando una es una escritora funcional —o, directamente, una persona funcional—. Y yo solo soy eso una parte del tiempo. Una parte pequeña. A veces, pequeñísima. Tan, tan diminuta que la supuesta funcionalidad brilla por su ausencia.
Cuando el cuerpo no coopera
Esta mañana, por ejemplo, han tenido que ayudarme a ponerme los calcetines y los zapatos. También han tenido que prepararme el café con leche. Y, bueno, sé que hay personas que están peor, y por eso cada día doy gracias por lo bien que estoy, lo mucho que avanzo, pero sigue sin ser agradable sentirse así de limitada.
Y eso que, en mi caso, con las horas, los estiramientos y el movimiento —y sí, también la medicación— la movilidad mejora. Así que no es que ahora esté como para ir a correr una maratón, pero sí puedo estar aquí sentadita escribiendo esta entrada sobre por qué creo que no debería escribir sobre esto.
El sentido de escribir incluso sin sentido
Pero, mientras tecleo, una parte de mí comprende que quizás sí tenga sentido, más allá del cronograma maldito y el dichoso plan de trabajo, escribir hoy —precisamente hoy— otra entrada de este bendito manual, al que, quizás, debería añadirle también la palabra supervivencia en algún lugar.
Y es que, veréis, más allá de su imperfección, que la tiene, esta guía, que no deja de ser un compendio de trucos y tretas aprendidas a través de los años, es, precisamente una cuerda de seguridad o, mejor, una línea de vida, pensada para no caer al vacío cuando, precisamente, días como el que hoy tengo yo, te dejan sin punto de agarre.
De la mente tramposa y el Real Instituto de Letras Colapsadas
No tienes por qué sufrir un dolor o impedimento físico para encontrarte en este tipo de situaciones. En absoluto. Ni siquiera implica que haya algo ánimo o espiritual que te haya afectado de forma demoledora. A veces —demasiadas— basta con el mismo devenir de la vida, tan caótica, tan tremenda, para descolocarnos, hacernos tropezar y ver el precipicio con más claridad que nunca.
Creedme si os digo que en muchas ocasiones son esas experiencias, tan cotidianas y aparentemente inocuas, las más capaces de hacer perder pie. Y, quizás por su apariencia, tan común, tan poco extravagante, son, en realidad, las más peligrosas.
Así que sí, hoy soy, como tantas otras veces, una escritora en apuros.
Tan, tan, apurada estoy, que al empezar a escribir ni siquiera me sentía capaz de escribir sobre este tema. Ni mucho menos pensaba que estuviera autorizada para ello, como si existiera en algún lugar una suerte de institución que repartiera ya no solo carnets de escritora —como muchos me consta que creen…—, sino también título oficial de apurada… Algo así como el Real Instituto de Letras Colapsadas. O la Academia Nacional de las Escritoras Sobrepasadas.
Pero no, resulta que la única capaz de otorgarse —y quitarse— título alguno es una misma. Digo más, estoy a punto de buscar en algún comercio online un birrete e imprimirme un diploma, a ver si, a base de impostura, soy capaz, de una vez por todas, de creerme ya no escritora —esa guerra la doy por perdida—, pero, al menos, sí apurada.
Cómo minimizar los daños colaterales del caos
Toda esta parrafada sin demasiado sentido pretende ejemplificar que la mente es tramposa y puede hacernos dudar de absolutamente todo, desde nuestra capacidad —y autoridad— para escribir de la propia experiencia hasta de la utilidad de la planificación y la conveniencia de seguir lo programado, por más cuidado y cariño que se aplicara a la creación del plan y su calendarización.
Así que, en resumen, estos son los tips de hoy del Manual imprefecto…
1. Tener un plan y un calendario que seguir, aunque a veces pueda parecer que encorseta la inspiración, también ofrece un asidero para cuando todo se derrumba y el vacío se hace presente.
2. Haz el plan con cariño, con mucho cariño, que sea suave y flexible. Tan suave y flexible, que hasta cuando dudes de tu propio nombre, te sea sencillo darle, al menos, una oportunidad, aunque sea sin fe ni ganas.
3. Procura que tu plan tenga un único objetivo claro a corto plazo y no demasiado grande como para no creer que es posible conseguirlo. Si es posible, intenta que ese objetivo forme parte de un plan mayor y claro, pero de ese plan más grande ya hablaremos otro día… Ahora el que cuenta es el chiquitín, el que puedes llevar contigo junto al teléfono móvil y las llaves al salir de casa.
4. Haz un calendario. Hazlo. Breve y muy flexible. Pero hazlo. Puede ser semanal o mensual. Incluso puede ser solo para varios días. Pero hazlo. Y hazlo en función de ese plan chiquitín para conseguir ese objetivo asumible.
5. Comprende que tu objetivo, tu plan y tu calendario chiquitines son flexibles. Si un ovni cae del cielo sobre tu ciudad y todo se paraliza, obviamente, el plan se interrumpe. Y no pasa nada. Repito, no pasa nada.
6. Asume que tan flexibles son tu objetivo, tu plan y tu calendario como determinada debes estar tú a cumplir con todo lo marcado en ellos. Recuerda que dijimos que son pequeñitos y alcanzables, entonces las tareas del día también deben serlo. En otras palabras, si el ovni que ha caído no traía consigo marcianos hostiles y hayamos entrado en estado de guerra, sencillamente, trata de cumplirlo. Siempre habrá tiempo para cotillear después sobre los ovnis.
7. Último, pero no menor: no importa lo que diga tu mente hoy, importa tu intención general y mantenida en el tiempo. Si hoy tu mente te dice, por ejemplo, que tu historia no vale un euro, no importa. Acepta la situación, dile que la has oído, que su opinión te importa un carajo y déjala de lado. Si tienes que imaginar una enorme caja fuerte en la que poner mente y pensamiento, hazlo. Y ciérrala con llave, por favor. En todo caso, lo importante es que tú te mantengas en esa intención (escribir tal historia, publicar un post al día, terminar un cuento, redactar un artículo, lo que sea…) y lo hagas de manera sostenida a lo largo del tiempo.
Ahora que lo leo, puede que también necesitemos en algún momento una entrada del Manual imprefecto sobre eso de la intención sostenida, pero, con vuestro permiso, me la guardo para un día en el que tenga, aunque sea, solo una pizquita más de fuerza y confianza en mí misma.
Y ahora tú
¿Planeas tus sesiones de trabajo?
Si es que sí: ¿Tienes algún método que quieras compartir y pueda ayudarnos a todos?
Y, sobre la mente traicionera… ¿También te sabotea tu propia mente? ¿Qué haces cuando eso ocurre?
Te leo 👀





Replica a Carmen Cancelar la respuesta