Todos mis proyectos exitosos, todos, tienen una cosa en común: Una banda sonora única. No se trata de que nadie haya compuesto música para ellos, qué va, es más bien que, por algún motivo, mientras trabajaba en ellos, por algún motivo u otro, se quedaron vinculados a una música. Y esa música siempre me recuerda a ese proyecto concreto y viceversa. A veces pienso que se trata de una suerte de relación simbiótica y que el proyecto, sin esa banda sonara, no habría sido jamás.
Por ejemplo, mi primera novela siempre estará ligada Evanescense , en concreto, a la canción My Immortal. La segunda, a un disco de Manolo García que escuché una y otra vez durante mi adolescencia: Arena en los bolsillos. Y así va la cosa. Siempre hay música, nunca del mismo estilo, cada una única y ligada al proyecto que ayudó a nacer, o crecer.
Hoy, cuando estaba trabajando en esta web y la he publicado por error, justamente estaba sonando en Spotify una canción de un grupo que no conocía -o que quizás habría oído, pero que no me había llamado la atención-. Y esa canción me ha marcado, ha llegado a algún lugar de mi mente -¿de mi alma?- que ni siquiera sabía que existía. Y, joder, permitidme el taco, pero es que ha sido mágico. Tanto, que hasta lo he compartido en Twiter -digo X, qué poco me gusta ese nombre…
El caso es que me ha impactado tanto que no he podido evitar buscar al grupo en Spotify y ponerme a escuchar todo lo que tienen y… ¡guau! Me he encamorado.
El grupo en cuestión es La maravillosa orquesta del alcohol y la canción PMRVR, aunque creo que todas son maravillosas, así que, la canción es lo de menos…
No ha sido hasta un buen rato después, cuando ya llevaba un rato escuchándolos y trabajando en la web, que he me dado cuenta: ¡Son mi banda sonora! Bueno, vale, la mía quizás no, pero la de este proyecto sí.
Y, señores, esto no puede ser nada más y nada menos que una buena señal.
¿Hay acaso mejor manera de lanzar un nuevo proyecto?





Deja un comentario