Crónica del primer encuentro. Parte IV: Cuando los mundos se tocan

💫 Si todavía no has leído la tercera entrega, puedes hacerlo aquí: El idioma del silencio

Los ojos de Erion estaban muy abiertos, más de lo que lo habían estado en ningún momento hasta entonces, y las dos lucecitas que parecían estar encerradas en su interior, y que antes habían encogido hasta casi desaparecer, ahora habían crecido hasta ocupar prácticamente todo el espacio negro que las rodeaba, otorgándole a su mirada felina una nueva apariencia, desconcertante e hipnótica por igual. Amanda, mientras tanto, permanecía muy quieta, tal y como su nuevo amigo le había pedido, esperando a sentir algo extraño, por leve que fuera. Pero ella no sentía nada, salvo fascinación por aquel par de ojos que ahora brillaban con fuerza, hasta el punto de iluminar tenuemente la habitación. Ninguna sensación, ni un leve cosquilleo, delataba el escrutinio interno al que Erion la estaba sometiendo y al que ella, gustosa, se había ofrecido. La única prueba del experimento, como él lo había denominado, era, en todo caso, el cambio en los ojos de su amigo, y su gesto ausente, casi vacío, como si él se encontrara en un lugar muy lejano de allí donde estaba su cuerpo.

—Es posible —murmuró Erion, aún abstraído, y pilló a Amanda, que dio un brinco al oír su voz, completamente desprevenida—. Quizás sí que seas tú quien me ha traído.

—Entonces… —empezó a decir Amanda mientras contemplaba absorta como los ojos de Erion se apagaban lentamente para volver a la normalidad—. Si es así —musitó—, todo esto es culpa mía.

Amanda se sintió de golpe muy culpable, como si hubiera cometido el más atroz de los crímenes, pero, al mismo tiempo, no pudo evitar que una nueva emoción, placentera y reconfortante, se instalara dentro de ella. Era una emoción pequeña, contenida, instalada discretamente en el centro de su tripa, igual que una burbuja jugueteando en la boca de su estómago.

—No creo que sea tu culpa —dijo Erion, cuyos ojos habían vuelto ya a la normalidad, aunque su rostro parecía aún vacío y absorto—. En todo caso, fue tu deseo el que hizo yo te encontrara. Lo deseaste con tanta fuerza, que sucedió.

—Pues fue mi culpa —sentenció ella, enfurruñada y sintiendo que la culpabilidad iba a tragarse la burbuja que instantes atrás había crecido en su vientre. Pero la risa musical y aguda de Erion la sorprendió y la burbuja de su interior saltó, aumentó de tamaño y la reconfortó.

—Algo muy extraño debe de haber ocurrido realmente con los humanos si te sientes culpable por lo que ha pasado —Erion subió a la cama de Amanda y apartó con suavidad el cabello que le cubría el rostro—. Los orastes somos guardianes, Amanda. Nosotros nos ocupamos de cuidar y acompañar a aquellos que nos necesitan, y, según cuentan las leyendas, los primeros seres de los que cuidamos fuisteis vosotros, los humanos.

—Pues no debisteis hacerlo muy bien si desaparecimos —murmuró Amanda, que aún no sabía si sentirse culpable o reconfortada por la presencia de Erion en su dormitorio.

—Bueno, eso es lo que dicen las leyendas —explicó Erion—. Ni nosotros supimos cumplir bien con nuestra labor, ni vosotros con la vuestra, y ambos fuimos castigados.

—¿Castigados? —preguntó Amanda, incapaz de ocultar su sorpresa y cierta indignación. Nunca había entendido los castigos, y eso que ella era una experta en ellos, pero pensaba que más que para prevenir nuevos desastres servían para provocarlos. No, definitivamente no creía que ningún castigo sirviera para absolutamente nada.

—Sí —dijo Erion, asintiendo—. Vosotros a desaparecer y nosotros a hacernos cargo de cualquiera que necesitara de nuestra ayuda, así fue como, según las leyendas de mi pueblo, nos convertimos en lo que ahora somos, en guardianes.

—¿Y cómo es eso de ser un guardián? —preguntó Amanda, llevada por la curiosidad, y Erion se encogió de hombros, resignado.

—Bueno, es un castigo —dijo muy bajito—. Según mi amigo Arelin es como ser un criado. Te necesitan, te llaman, no puedes resistir la necesidad de acudir, vas, haces lo que tengas que hacer, y regresas. No es algo que se pueda elegir, ¿sabes?

—¿Por eso crees que estás aquí? —dijo ella y Erion asintió—. Entonces, ¿soy tu castigo?

La curiosa risa de Erion llenó de golpe la habitación y Amanda pensó que realmente ese sonido era el más alegre que jamás había oído.

—Quizás Arelin pensara eso, aunque no lo creo —respondió Erion, acercándose a ella—. Es posible que esté aquí porque soy un oraste y tú, sin saberlo, me has llamado; pero no te considero mi castigo, sino mi amiga. Igual que tú, desde el primer momento, me has considerado tu amigo y has querido ayudarme sin reparos.

Amanda asintió, llena de alegría, mientras la burbuja que había nacido en su estómago crecía hasta llenarla por completo. Por primera vez en mucho tiempo ya no se sentía sola, ni rara, ni rechazada. Al fin, había encontrado un amigo y no conocía palabras suficientes para expresar la alegría que sentía, así que, en lugar de decir nada, saltó sobre Erion y le dio un abrazo. Por un instante sintió la suavidad de su piel, la firmeza de sus estilizados brazos en torno a ella y el sonido de su risa, pero, de repente, y sin previo aviso, el sonido de la risa de Erion fue disminuyendo al mismo tiempo que sentía como su cuerpo se estaba evaporando entre sus brazos.

—¿Erion? —preguntó, asustada, apartándose, pero él parecía querer retenerla cerca—. ¡¿Erion?!

—Amanda —escuchó decir a Erion, pero su voz sonaba ya lejana—. ¡Está ocurriendo otra vez! ¡Amanda!

—¡Erion, no te vayas! —gritó, mientras veía diluirse en el aire el cuerpo de Erion—. ¡Erion! Eres mi amigo… No puedes irte así… —dijo, y su voz se mezcló con el llanto.

—¿No era eso lo que necesitabas, Amanda? —preguntó Erion y su voz sonó en la distancia mientras su cuerpo no era ya más que una leve sombra de trazos negros y blancos—. ¿No era un amigo lo que querías?

Amanda asintió, incapaz de hablar, mientras entre lágrimas veía a su amigo desaparecer.

—¿Volveré a verte? —preguntó, pero un murmullo que no fue capaz de comprender fue la única respuesta.

Se enjugó las lágrimas y buscó en la oscuridad de su dormitorio, pero Erion ya no estaba. No había ni rastro de su presencia y, por un instante, viéndose en la cama sentada, pensó que tal vez aquello no había sido más que un sueño, aunque, de inmediato, alejó esa idea de su cabeza. Era imposible que su mente hubiera creado tal historia, ni en sus mejores días podía imaginar tales cosas: un ser del que nunca había oído hablar, que pertenecía a una especie de guardianes, los oraste, y que vivían en un mundo con más de una luna por más tiempo del que ningún humano era capaz ni de imaginar. No, ella no había podido imaginar eso, y, por lo tanto, Erion era real. Siendo así, seguro que, de algún modo, ella lo encontraría.

Fin

…De momento…

Replica a Javi Arellano Cancelar la respuesta

Comentarios

6 respuestas a «Crónica del primer encuentro. Parte IV: Cuando los mundos se tocan»

  1. Avatar de Vivir a través de letras 👩🏻‍💻

    Qué historia!!💫
    Amanda y Erion! 😳 Esa montaña rusa de emociones, esa culpa que se mezcla con alegría… siento que hasta mis propios deseos cobran vida. Y ese “…de momento” me dejó con el corazón en pausa 😅 Muy especial, Carmen👏🏻

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de Carmen

      🥰 Qué ilusión me hace leer esto. Sí, Amanda y Erion son un torbellino de emociones… y ese “de momento” aún guarda mucho por decir 😉✨ Gracias por acompañarlos hasta aquí 💫

      Le gusta a 1 persona

  2. Avatar de Javi Arellano

    Maravilloso ¿final? 😉. Me ha encantado, Carmen, esta parte más que ninguna otra😊. Todo un lujo poder leerte tan buenas historias: gracias por compartirlas!!!🔝🔝💫💫

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de Carmen

      Gracias de corazón 💜 Me alegra tanto que esta parte te haya llegado… Y quién sabe, a veces los finales son solo otra forma de comienzo 😉🌙

      Le gusta a 1 persona

      1. Avatar de Javi Arellano

        😊sin ninguna duda. Feliz Domingo, Carmen💫

        Le gusta a 1 persona

¿Vienes conmigo?

Suscríbete a La Enésima Aventura y recibe cada nueva historia directamente en tu buzón.

Esta página es solo un tramo del sendero

Deja tu correo electrónico y camina conmigo: encontrarás sueños, relatos y novelas que crecen capítulo a capítulo.