Elegir, dosificar o explotar

Woman using handheld devices to create electric field with floating compasses swirling around.

Que estoy en una época de cambios y transformación no es ningún secreto. Igual que tampoco lo es que nunca antes he tenido tan claro qué cosas quiero que formen parte de mi vida, cuáles me son más o menos indiferentes y, sobre todo, qué estoy convencida de dejar atrás.

Sé que esa claridad no es un mal punto de partida. Para nada. Pero una servidora es, digamos, de carácter inquieto y no le basta con saber qué ni desde dónde, necesita saber el cómo. Y ahí, amigos, ahí está el verdadero embrollo.

Podría hablar de trabajo, de vivienda, de salud o incluso de pareja, pero todo el que viene con frecuencia por aquí sabe, perfectamente, que mi verdadera obsesión es la escritura, o, para concretar, las historias, así que dejémonos de cuestiones mundanas y centrémonos en lo mollar —lo que me inquieta, me quita el sueño y me trastorna—: cómo lo hago para que mis historias vivan más allá de mi mente, libres, y puedan llegar al máximo posible de gente.

Descartamos el camino tradicional, es decir, el editorial, por incompatibilidad de caracteres. Nos queda la vía alternativa, pero dentro de las múltiples opciones, dado el espíritu rebelde de quien escribe, se ha comprobado por ensayo y error —sobre todo por error, dicho sea de paso— que las fórmulas habituales tampoco acaban de encajar. O sí, pero no de la manera habitual, lo que nos lleva a buscar la alternativa alternativa, que es algo casi punk, pero, qué queréis que os diga, el mundo está lleno de personas normales, no pasará nada porque unas pocas decidan dejarse cresta.

La alternativa de la alternativa, en mi caso, pasa por la creación de una comunidad digital en torno a la historia de turno —que es la misma de siempre, con otra ropa, pero eso mejor lo dejamos para otra entrada—. Y eso suena hasta fácil, si no pensamos en la dedicación que requiere crear una comunidad. Pero, bueno, que no suena a barbaridad, que hasta parece asumible.

Pero aquí la escritora con cresta figurada que aporrea con cara de pocos amigos las teclas en este momento tiene algo parecido a personalidad escritoril múltiple, rasgo, aunque suene raro, más habitual de lo que parece entre autores. La dificultad surge cuando esas personalidades son, entre sí, como imanes de idéntica polaridad. La repulsión es, por lo tanto, automática e, incluso, violenta.

Partiendo de esa base, cómo demonios se va a crear una comunidad digital en torno a nada. En todo caso habría que crear tantas como expresiones de esa personalidad existen. Y, creedme, aunque me dedicara exclusivamente a escribir, no hay modo humano, ni siquiera asistido por IA, capaz de conseguir tal cosa.

Así que tengo dos opciones, elegir o dosificar. Bueno, la tercera sería explotar por sobrecarga, pero, por razones obvias, la he descartado.

De momento, no tengo ni idea de qué voy a hacer, ni cómo. Y, quizás, no sea el momento de saberlo, sino de jugar y experimentar para, con suerte, descubrir cuál es el mejor camino, la mejor opción.

En todo caso, por ahora, sé que este blog, como siempre, sigue siendo refugio, que no es poco, aunque la finalidad con la que nació haya quedado diluida. Quizás, quién sabe, no tiene que ser más que esto, un lugar seguro al que volver y donde poder volcar todas esas ideas que no caben en ningún otro lugar. O puede que sea más, aunque todavía no alcanzo a verlo desde aquí. Tendré que seguir jugando para descubrirlo.

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