Siempre he escrito desde El Otro Lado. O con la otra mente. El nombre es lo de menos, en especial cuando para no sentirme violenta al nombrarlo necesito poner en mayúscula desde el determinante al adjetivo, sin dejar de lado al sustantivo. Lo que quiero decir es que mi escritura, me guste o no, nunca ha sido de manual y básica, sino más bien instintiva y por impulso.
Me sale decir que en ese contexto nació una figura a la que le tengo particular cariño, Aúspice, que es el personaje que creé para representar a mi inspiración. Mi Muso.
Y me encantaría explicarlo así, sí, pero sería una vil mentira. Porque ni Aúspice nació de esa manera ni está claro si fue primero el huevo o la gallina, pues ese tipo de escritura no la practico solo cuando fantaseo, escribo ficción o, incluso, diario. Para nada. También es la escritura de los exámenes. Y la de cuando era periodista.
Quizá, para ser sincera, debería invertir el orden de este texto y empezar por admitir que, en realidad, yo no sé escribir en absoluto desde la mente racional. No importa cuánto lo intente. Tampoco lo mucho que practique o lo que se empeñen en enseñarme —y, creedme, son muchos ya los másters, cursos y seminarios y cargo a mis espaldas—.
Lo cierto es que yo escribo desde la mente que sueña. Con memoria muscular, seguramente, que incluye no solo el movimiento de ciertas partes del cuerpo, sino también de la mente o, tal vez, de la memoria, donde se guardan las estructuras, la ortografía, la sintaxis, la gramática…
Y es en esa mente que sueña, que es la mente que escribe, es donde vive Aúspice. Y en ese espacio que no sé nombrar más que con mayúsculas de más, es donde, cuando me lo permito, nos encontramos.
A veces, claro, Aúspice no es Aúspice, sino un personaje de un relato o de una novela. A veces, cambia de rostro, de ropa, de edad, de momento. A veces, no es persona ni personaje en absoluto sino época, lugar o, incluso, estado de ánimo.
Si tengo que decir la verdad, no sé lo que es Aúspice en absoluto. Solo sé que está ahí, seguramente desde siempre, y que por más que he intentado ignorarlo —encerrarlo, incluso, en lo más profundo del subconsciente— nunca ha dejado de estar.
Solo ahora, que estoy de vuelta de casi todo, me atrevo a confesarme que, en realidad, nunca he querido que se vaya.
Por eso, creo, he decidido no solo volver a escribir a Aúspice, sino también volver a publicar todo el material antiguo que tengo de él, que formó parte en su día de mi antiguo blog y que, en buena parte, recopilé en un libro.
Quizás, quién sabe, de esta manera, que es la más insospechada, al fin consiga aprender a escribir no solo desde la mente que sueña, sino también con la que piensa.
O tal vez no.
Y, sea como sea, estará bien mientras siga escribiendo.




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