Esponja maldita

Empiezo a pensar que el bloqueo nunca fue el problema.

Quién sabe, hasta puede que no hubiera bloqueo, sino otra cosa —más profunda, peor, mucho más difícil de nombrar—.

Y hasta es posible que lo que fuera, no fuera mío siquiera.

Pero soy una esponja. Una esponja maldita que absorbe todo lo que la rodea. Todo, sea lo que sea, hasta que estoy saturada y no cabe en mí ya nada más. Ni siquiera lo mío. Ni siquiera yo.

Quizá tendría que aprender cómo funciona el mecanismo, no para dominarlo, ni controlarlo siquiera, sino para, al menos, reconocerlo cuando ocurre y poder decir con certeza, sea lo que sea, esto que me sucede ahora no es mío ni me pertenece.

Tal vez, también, si consigo comprenderlo del todo, pueda apartarme cuando lo que me rodea —y que por lo tanto estoy absorbiendo— me dañe, me empobrezca, me encierre en una celda oscura, sin aire ni salidas.

Aunque, claro, lo ideal, seguramente, sería dejar de absorber. Dejar de observar siquiera. Pasar por el mundo como un ente etéreo al que nada afecta ni en nada influye.

Pero me temo que el mismo mecanismo que me ha mantenido amordazada es el que alimenta la escritura. Si cierro las compuertas, el alma también se calla.

Puede que se trate tan solo de comprender qué es lo que pasa. Asumir que soy sensible —demasiado, por lo visto— y que no pasa nada. Y normalizar que el dolor —la maldita vida— se transforma en letras cuando me atraviesa con su afilada espada.

Sí, tal vez no ha sido cosa de ser una esponja. Lo soy y punto. Tal vez la causa, si es que hay solo una, ha sido querer controlar el proceso, comprenderlo y, sobre todo, pretender abrirme en canal sin derramar sangre alguna.

Pero la escritura —la mía, al menos— no es limpia ni pulcra. Es visceral. Hasta intestina.

Sí, cada día estoy más convencida. No hubo bloqueo. Solo miedo al dolor que provoca la vida cuando, sin protección alguna, te sumerges en ella.

Deja un comentario

Comentarios

¿Vienes conmigo?

Suscríbete a La Enésima Aventura y recibe cada nueva historia directamente en tu buzón.

Esta página es solo un tramo del sendero

Deja tu correo electrónico y camina conmigo: encontrarás sueños, relatos y novelas que crecen capítulo a capítulo.