Es viernes y se nota, aunque no para bien. Llego al final de semana agotada y escribir se hace cuesta arriba. Pero esto también forma parte del proceso creativo y del día a día de las personas que quieren escribir o, peor, que sienten la pulsión irrefrenable de hacerlo.
Negar que hay días en los que la escritura se hace cuesta arriba y supone un esfuerzo que parece inasumible no hará que esos días dejen de existir. Al contrario, dada mi experiencia como autora bloqueada, no me extrañaría que negar la existencia de días malos, en los que todo cuesta, y de días regulares en los que, sin costar tanto, nada brilla, pueda provocar que la escritura se bloquee, precisamente porque se esperen siempre fuegos artificiales.
Y sí, a veces, hay fuegos artificiales —e incluso otros fenómenos más espectaculares e impactantes—, pero para llegar a ellos, por absurdo que parezca, a veces hay que pasar por el maldito desierto, recorrer áridas llanuras y páramos helados, y sobrevivir apenas para llegar al anhelado destino en el que la inspiración te arrebata, las palabras fluyen y un texto maravilloso surge, casi de la nada, sin que siquiera tú sepas cómo demonios lo has hecho.
Pero lo cierto es que sí que lo sabes, porque cada uno de los pasos que has dado a través del desierto, los secarrales y el hielo te ha traído a los frondosos bosques de palabras, donde, cual maná de los cielos, las ideas fluyen en vivarachos riachuelos y las historias crecen, hermosas y brillantes, en los exuberantes árboles.
Así que sí, a mí hoy me toca recorrer el desierto sin cantimplora, pero una parte de mí sabe que cada esforzado paso es el cimiento de lo que sea que mis palabras construyan mañana.
Pero sí, será mañana. Ya no hoy. Porque ahora mismo cuento seis párrafos, con este que estoy escribiendo en este momento, lo que es una cantidad preciosa para una entrada media de blog, y llevo ya quince minutos de directo, de mi media hora obligatoria. Si atendemos a que falta revisar, titular, poner imagen y difundir, mi tiempo autoimpuesto de directo estará completo y mi entrada, ni brillante ni exuberante, pero existente, estará escrita.
Queda todo así listo por hoy. Sin fuegos artificiales, pero mostrando también esta parte menos romántica del proceso, compuesta por una parte de agotamiento de final de semana y otra de absurda cabezonería, que, a falta de brillantez e inspiración, me permite tachar en mi lista de tareas por hacer de hoy la escritura de esta entrada.




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