Ficción primero, diario después

Hoy ha sido mi primer día de «ficción primero, diario después» y tengo que reconocer que, aunque el comienzo ha sido un poco lento, la sesión de escritura ha sido muy productiva. Mucho más de lo normal.

Y no sé si será cierta mi teoría de que solo puedo vaciarme en la página una vez al día, pero sí que parece que he dejado todo el peso mental en las hojas de ficción y ahora, como podéis ver, a lo máximo que llego es a relatar cómo ha ido la jugada. Que, a ver, es un tipo de diario tan digno como cualquier otro. Incluso, según como se mire, incluso más. Al fin y al cabo, los diarios, como tales, tenían la función de recoger hechos, no pensamientos. Aunque, a veces, van tan ligados los unos a los otros que son inseparables.

En cualquier caso, lo cierto es que la sesión de escritura de hoy también me ha llenado de energía, cosa que no suele pasar, o no del mismo modo, cuando escribo las entradas habituales del blog. Y, ya, lo sé, no todas mis entradas de blog son de puro diario, pero, en cualquier caso, ni siquiera la ficción que suelo escribir para el blog se siente igual, aunque desconozco el motivo.

Quizás sea porque no es lo mismo trabajar en un proyecto largo que en muchos cortos. Tal vez sea que, cuando trabajas en un proyecto largo, tienes que poner en marcha mecanismos de memoria y de anticipación que no son necesarios, o no del mismo modo, en los más breves. Quién sabe, a lo mejor es eso lo que me supone un chute de energía.

Aunque, conociéndome, no descarto que el subidón se deba a la dificultad.

La verdad es que hoy he disfrutado tanto —tanto, tanto— que las tres horas que le he dedicado se me han pasado volando y habría seguido trabajando como una salvaje, de no ser porque esta tarde tengo una cita de esas que no se pueden cancelar ni postergar —y que ni siquiera se trata de un asunto mío—.

Odio este tipo de compromisos porque no solo implican que tengo que reservar el tiempo que sea que dure el trámite, sino que además tengo que almorzar como una persona normal, ducharme y arreglarme para parecer que soy un ser humano funcional y no una cosa que escribe y que, por todos los dioses, preferiría estar escribiendo en lugar de hacer ninguna de esas cosas de adulta que, por algún motivo que se me escapa, no me queda más remedio que hacer.

En fin, no sé si esta tarde tendré o no un ratito para seguir escribiendo. Pero sí sé que mañana a mediodía vuelvo a tener otra de estas cosas de adulta funcional que interfieren en mi escritura. Menos mal que después viene el fin de semana y al fin —¡al fin!— podré escribir sin odiosas interrupciones que solo sirven para sacarme de mis mundos de fantasía y recordarme lo aparatoso que es el maldito mundo real.

Escrita queda la entrada del diario de hoy para que no se diga que si escribo ficción me olvido del blog y del diario.

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